EL POR QUÉ DE ESTE BLOG

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Bueno, bueno, bueno, pues se explica en pocas palabras: ESTOY EN EL PARO.

Si, después de 34 años trabajando, ahora estoy en el paro y como la cosa me temo que va pa´ largo, pues tengo que fogá, ¿sabéis lo que es eso?, pues que necesito algo que hacer para quemar energía.

Trabajando en hostelería, tratas con todo tipo de personas al cabo del día, clientes y compañeros de trabajo, y si además la mayoría son mujeres, que somos muy charlatanas y llevamos muchos años trabajando juntas, filosofamos mucho de familia, noticias, arte, cultura, actualidad en general y cotilleos; pues eso es lo que me falta, compartir.

Cuando estoy cocinando con la radio puesta y me viene a la cabeza algo que creo es interesante y que podría compartir, lo escribo en el ordenador, y como me he apuntado al feisbuk, lo comparto con la corrala cibernética de familia y amigos.

Ahora me han dicho que sería interesante que hiciera un blog. Pues vamos a ello.

Advierto que son cosas mías, igual hay veces que se me va la olla, son cosas cortitas del día a día y los que me leen hasta ahora dicen que les hace gracia, sólo escribo cuando encuentro algo que me inspira y creo que se puede compartir.

SI ME QUERÉIS, SEGUIDME.

miércoles, 9 de abril de 2014

FALTA PERSONAL

Pues nada, que mi día a día está inmerso en casa, comida, limpieza, eventos familiares y tiendas… muchas tiendas, y es muy curioso que habiendo tanto paro, los grandes empresarios de centros comerciales bajen la calidad del producto. No hablo de marcas, sino de su producto, y no contraten dependientes, porque te puedes pasar dos horas dando vueltas por los pasillos y no ves ni un alma caritativa, dícese dependiente o dependienta con ganas de trabajar que te busque una talla o que te informe sobre un modelo en concreto en otro color. Si pretenden paliar la crisis con esta fórmula, que falla de todas-todas, -porque si te mosqueas y te vas, pierden una venta, ¿no?- ,pues eso, que falta personal en todas partes.

Sé que con la calidad de la ropa estoy igual de pesada que con los kilos que me sobran, pero es lo que veo, no hay término medio, o seda pintada a mano que un saquito pa´ la nena, o sea, yo, que te puede rondar cerca de los mil euros, -si, si, si mil euros-, o ropa chinesca, mal cosida y con un punto que se te marcan todas las mollas/michelines, y a precios que no lo valen. Y luego las pocas dependientas que quedan, o están más quemadas que la pipa de un indio o se contagian de la desidia que hay en el ambiente y prefieren formar corillos para hablar entre ellas y te dicen que lo que hay es lo que está expuesto, que si se vende o no les da igual, pero no se molestan, para qué, si a nadie le importa.

Así, cuando vas por los pasillos y oyes la voz en off que te informa de la nueva política de que, pidas lo que pidas te buscan por cielo, mar y aire la mercancía, te da un ataque de risa por la descoordinación que hay entre la oficina de marketing y el que está a pié de obra. Un desastre total, porque falta personal.

Mi hermana me comenta que se va a informar para, a lo mejor, abrir una escuela de formación de dependientas. Antes, había aprendiz, dependienta y encargada, las normas las ponía el dueño y el encargado hacía que se cumpliesen. Normas de atención al cliente, no escritas, pero que cuando entrabas a trabajar te supervisaban un periodo de aprendizaje y si no te adaptabas, a la calle. En un negocio donde hay uniforme, yo aprendí que somos todos iguales; modernos, antiguos, pijos, clásicos, si, pero eso en la calle, cuando te pones el uniforme de trabajo, todos somos iguales. Te pedían, sobre todo, mucha higiene, pelo recogido, pendientes pequeños, maquillaje suave, uñas sólo con brillo, y el día que te presentabas de cualquier manera, o te escondías y lo arreglabas, o te daban la bronca, y si era muy grave, el despido. Estaré mayor, chocheante e intransigente, aunque no siempre el tiempo pasado fue mejor, hay conductas que, por muchas universidades que pases o por muchos masters que estudies, en el día a día, en el trato con el público, hay muchas lagunas para vender cara a cara, y se ha crispado mucho, ha perdido supervisión por el tema de los recortes, hay mucha desidia y sobre todo, falta mucho personal.

A ver si los empresarios se ponen las pilas, pero a todos los niveles, incluso en la cafetería de mi barrio hay un sólo camarero para la barra y las mesas y tardan un siglo en atenderte. Yo comprendo que los impuestos suben, que quien tiene un negocio es para ganar dinero, pero si no me atienden bien, no gasto, no vuelvo a esa tienda, no vuelvo a esa cafetería y pierden clientes. ¿O no?




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