EL POR QUÉ DE ESTE BLOG

EL POR QUÉ DE ESTE BLOG

Bueno, bueno, bueno, pues se explica en pocas palabras: ESTOY EN EL PARO.

Si, después de 34 años trabajando, ahora estoy en el paro y como la cosa me temo que va pa´ largo, pues tengo que fogá, ¿sabéis lo que es eso?, pues que necesito algo que hacer para quemar energía.

Trabajando en hostelería, tratas con todo tipo de personas al cabo del día, clientes y compañeros de trabajo, y si además la mayoría son mujeres, que somos muy charlatanas y llevamos muchos años trabajando juntas, filosofamos mucho de familia, noticias, arte, cultura, actualidad en general y cotilleos; pues eso es lo que me falta, compartir.

Cuando estoy cocinando con la radio puesta y me viene a la cabeza algo que creo es interesante y que podría compartir, lo escribo en el ordenador, y como me he apuntado al feisbuk, lo comparto con la corrala cibernética de familia y amigos.

Ahora me han dicho que sería interesante que hiciera un blog. Pues vamos a ello.

Advierto que son cosas mías, igual hay veces que se me va la olla, son cosas cortitas del día a día y los que me leen hasta ahora dicen que les hace gracia, sólo escribo cuando encuentro algo que me inspira y creo que se puede compartir.

SI ME QUERÉIS, SEGUIDME.

sábado, 29 de octubre de 2016

EPIGENÉTICA



Muy interesante la conferencia sobre genética y epigenética,  sí señor.
Si no sabéis de qué va, os lo cuento. Vamos, sólo con que os interese esta crónica, os va a quedar clarito, clarito.
Porque hay que estar al día, si no, de qué me voy a encontrar yo en la Facultad de Psicología de la Universidad de Málaga escuchando a este Catedrático de bioquímica y biología molecular, con un currículum de estudios en el que se encuentra haber practicado con un profesor dos veces premio Nóbel en Estados Unidos, que tira pa´ tras, y que además, nació en Málaga, presume de haber estudiado en El Palo, y que, a pesar de llevar más de cuarenta años trabajando en Madrid, no ha perdido el acento andaluz y lo lleva a gala ¿eh?, de complejos.
Pues eso, que la conferencia comenzó haciendo referencia a la habitación de las moscas de la fruta, donde comenzaron los fundamentos de la genética moderna. Lo que yo entendí, igual no es muy científico, pero para saber de qué manera la genética manda, deben pasar al menos tres generaciones, y como las moscas tienen una vida corta, pues eso, que a una mosca le dan  hoy radiación, dentro de tres días la observo y, veo de qué manera le ha afectado genéticamente a su descendiente, que le cambió de esta posición las antenas, pues dentro de tres días veré en qué se ha modificado genéticamente a su descendiente… y así estuvieron unos científicos en la “fly room”, entreteníos por un tiempo.
Luego vino el descubrimiento del genoma humano. Las cadenas del ADN y el estudio de las enfermedades y la disposición de los hilos de la vida. Peazo  de explicación de hasta dónde han llegado los científicos sobre genética, da miedo de todo lo lejos que han llegado a descubrir y estudiar  para saber por qué las células se comportan de una manera o de otra. Tomar una célula de la piel y por medio de cambios en su estructura, cultivarla en una placa y hacerla latir, como si viniese directamente del corazón… pone los pelos de punta.
También nos explicó que ahora por mil euros te hacen un estudio de toda tu cadena genética, que saber lo que escondes en tus genes era lo más de lo más, y que no sirve de ná, pero de de , porque ahí es donde entra la EPIGENETICA.
¿Qué hace la EPIGENETICA?, pues hace referencia a que aunque tus genes te predispongan a padecer algún tipo de alteración, este estudio moderno determina que depende del ambiente externo el comportamiento celular y no sólo por la herencia, o sea, por lo que yo entendí, las cadenas de ADN son como un plato de lombrices, todas apretás y revueltas y ahí no entra nada; pero en algún momento, debido  a factores externos (alimentación, deporte, adicción, tóxicos) se produce una modificación en la actividad del ADN, pero sin alterar la secuencia genética, o sea, que las lombrices se separan y entra un determinante que hace reaccionar el ADN y puede desarrollarse o no algún tumor, o evitarse algún comportamiento al que genéticamente esa persona estaba  predispuesta. Entonces por eso, aunque lleves escrito en tu ADN, porque familiarmente tienes predisposición al cáncer de mama, con la epigenética se ha comprobado que cuando las cadenas de ADN no están tan apelmazadas, cosa que no saben por qué ocurre, -estamos estudiando y trabajando en ello, oiga-, se producen unas reacciones químicas que modifican la actividad del ADN, alterando su comportamiento y estas marcas pueden ser transmitidas a generaciones futuras.
Pues eso, se está investigando todavía por qué cuando mi hermana le dijo a su hijo recién nacido en la cuna, “hijomío pero qué feo eres”, en ese momento se nota que la cadena de ADN no estaba apelmazá, y entró esa información, generando que se produjera una reacción química en su ADN que lo traumatizó, y ella lo notó. Que las madres para eso somos muy intuitivas. Pero también nos han dicho que puede ser reversible, o sea, que como ella lleva treinta años diciéndole lo guapo que se puso al poco tiempo, hay esperanzas. Poder explicar científicamente estas cosas, es un alivio, la verdad.
Nada, que el futuro está en la formación continua, y allí estábamos nosotras acompañando a la mininilla en la suya. Seguiremos estudiando el tema y mientras… we keep in touch, no lo dudéis.


domingo, 23 de octubre de 2016

BUSCANDO VOTOS


A ver, a ver, un poquito de por favor: que alguien me explique, alguien de todos mis queridos amigos del ciberespacio, -que sé que tengo algunos hasta instruidos-, que se dignen a explicarme en qué mundo de yuppies vive la ministra ésta que ha dicho que los españoles podremos cobrar la pensión y seguir trabajando y además cobrar el cien por cien del sueldo, ¿hacia quién miraba cuando hacía esta declaración o en quién pensaba?.

Sin supuestos ningunos y sin cortapisas oigo esta declaración, y yo, la Paca, que vive de un sueldo de trabajadores que sueñan con llegar vivos a jubilarse algún día, con un mínimo de pensión digna, pienso: A ver si ésta se cree que la mayoría de los españoles cobramos dos o tres mil euros al mes, por aposar el culo en un despacho  y luego nos vamos a jugar al golf, y si además me dan la pensión, pues la cojo y así tengo para el club de campo y también puedo jugar al golf en invierno en Argentina…, por poner algo.  

No ha pensado en que la mayoría de los trabajadores, con la reforma laboral, son mileuristas y tienen hernia de disco de doblar los riñones trabajando, y que sueñan con jubilarse y por fin sentarse en un banco en la puerta del súper, haciendo el recuento de las Marias que van a la compra, y charlar con los compañeros del dominó, que por desgracia ya van faltando, y a lo mejor, la gran mayoría, hasta tienen que ayudar a los hijos que están en paro. Saltando de júbilo los veo si la ministra además, al hablar de poner su experiencia como trabajadores, los pone de jefes de obra, les da una libreta y les pone un sueldo, acorde con su experiencia.

¡Ay!, pero me parece que en sus palabras no se refería a eso, a poner su experiencia al servicio de alguna empresa, por ejemplo un repartidor del Supermercado, una cajera con 30 años de experiencia o un alicatador de cuartos de baños… no, creo que no se refería a esa experiencia.

Me temo que  más bien se refería a posicionarse en una multinacional como asesor y cobrar del gobierno y de la multinacional para seguir aposando el culo y pensar de qué manera seguir ganando dinero, ¡como nos tienen acostumbrados!, riéndose del trabajador y poniéndonos las tripas negras, para que dentro de poco hagamos otro juicio de valores y se rían de todos los españoles diciendo que, como lo dijo la ministra, era legal.

¡Ya está bien, por favor, ya está bien! ¡Trabajen para el pueblo y no sólo para ustedes, políticos chupópteros de la salud de la clase trabajadora!  

Por favor... Si estoy equivocada en la percepción de esta noticia que alguien me la aclare, porque estoy negra.

Y no escribo más porque no tengo tiempo, no porque no tenga nada que decir... 

El otro día  íbamos en el coche, y como últimamente, o hablamos de las madres que andan un poco gagás o de la política y lo convulso que está el mundo, le digo yo a mi gente: vamos a ver, si vamos cuatro en el coche y tres queremos ir a un sitio y una a otro, ¿quién manda?, además de quien conduce, la mayoría ¿no?

¿Qué hacemos con la persona en desacuerdo? En democracia, creo, acataría lo que dice la mayoría y con más o menos ganas, vendría con nosotros. Siempre algo se aprende. O en caso de que se pusiera muy negativa, si hubiese que dar media vuelta y dejarla en el punto de partida, habría que consensuarlo. Pero si te dejamos atrás, no seas h. de p. y nos rajes las ruedas ni nos estropees el coche. Espera a que volvamos y lo hablamos. Que esa dirección no fue la correcta y tenías razón…, probaremos con la tuya, pero la próxima vez, y espérate a que volvamos, no seas cabronazi, de quererlo todo ya, y con malas artes. 

Pues eso, que la oposición se está poniendo rebelde y habrá que estar al loro. 

We keep in touch… tú ya sabes. 

 




 

jueves, 1 de septiembre de 2016

PERO QUÉ PASA ESTE VERANO!

Pues pasa que estoy rara, rara, rara,… no, lo siguiente.

Este verano hemos comenzado con los eventos más tarde que nadie, ¡qué fuerte!, todo el mundo había ido a la Starlite menos yo, y estábamos un poco choofffff, o sea, ¡que al mes de julio aún no habíamos comprado ninguna entrada, no me lo puedo creeer!. Total, después de mucho mirar precios, -que no trabajo y el puterío está muy malo, ni tengo a mi Paco de directivo en ninguna gran empresa que me inviten a las galas importantes-, pero total, fondo de armario tengo, que me recorro los outlet arrebuscando percheros, que más que un fondo de armario le voy a comprar el piso a la vecina… pues eso, nos agenciamos unas entradas para ir a ver a los de Siempre Así. Rumbita light, que desde hace más de veinte años se oyen amenizar ferias y cualquier evento poniendo un punto de alegría, porque esta música es lo que tiene, que te hace mover las caderas aunque no quieras.

Pues pallá nos fuimos mi hermana la Maria, unas amigas españolas pero ciudadanas del mundo y afincadas en Irlanda y yo, a pasar un rato.
Estuvo muy bien y mira que yo no soy del Rocío ni candelarias ni festejos lúdico-religiosos, pero esa Salve Rociera, cantando todo el mundo en pié con un OLÉ, OLÉ, OLÉ Y OLÉ Y OLÉ Y OLÉ Y OLÉ, te emociona y te baña en clamor andaluz-capillita, pero del bueno, del que no hace daño a nadie ni intenta cambiarte ni te hace caer de rodillas ante ningún profeta; sólo sientes, y ante una letra tan sencilla la emoción es muy intensa.

Aparte del concierto, la Starlite este año no ha dado pa´nada más, este año, aunque la zona de la cantera la habían remozado con barandillas de metacrilato, el recinto de la discoteca no era abierto, y había muchos bujíos, muchos rincones cerrados al público en general. Que no sé por qué, si te cascan seis euros por una caña, ya está bien pagado el poder quedarte y tomártela a gusto.

Bueno, pues el verano está pasando y esta segunda quincena de agosto nos envuelve en calor húmedo cubano, que no he estado en cuba, pero me comentaba una chica de allí que es así más o menos, sudando desde que te levantas hasta que te acuestas.

No ha habido medusas en las playas por ahora y el agua está deliciosa, pero en cambio sí tenemos unos mosquitos morenos, que pican y no les ves, pero al otro día te tienen destrozá rascándote, que tengo las piernas hechas un Cristo. Las malas lenguas dirán que claro, como soy tan dulce…
La familia nos fuimos a primeros de verano unos diítas  por Huelva y a las playas del sur de Portugal. Increíbles playas, pero increíbles. Unas mareas de seis metros que dejan al descubierto parajes de gran belleza. En la isla de Tavira, el trozo de playa habilitado para hamacas tiene una distancia entre una y otra como de tres metros, otro trozo de playa nudista, otro trozo de camping y otra parte salvaje, increíble la belleza de esas playas. Lo de las hamacas me llamó la atención, porque aquí en el centro de Marbella, sólo con volver la cabeza, te comes el bocadillo del que está a tu vera. Y no le conoces de ná.

Pues por mucho licopeno y tomates que estamos comiendo, resulta que pillé una falta de vitaminas que pa´ lo gorda que estoy, no me pega, la verdad. Pero ahí estoy, llenando las reservas de mi cuerpo a base de pastillas. Cuando era más joven tenía la loca idea de no tomar vitaminas porque engordaban… ya, ahora me tengo que tomar un cargamento si quiero subir la cuesta con el carrito de mi nieta, que no veas cómo está de grande. Con un año y medio ya sabe latín, tan rubita que se ha puesto en verano que parece que en vez de ser mi nieta, se la estoy cuidando a una extranjera.

No sé si este año podré ir a la actuación de la Luna Mora de Guaro, aunque os recomiendo que vayáis…yo, si voy, haré crónica. No es que me esponsoricen ni ná, es que me cae simpático el evento.


We keep in touch… según el tiempo que tenga… tú ya sabes.

                           

sábado, 18 de junio de 2016

TODOS A VOTAR

…Y es que no tengo tiempo de ponerme a escribir. No es que no tenga nada que decir, ¡es que no tengo tiempo!. Pero como siempre me pasa, hay una chispa que me enciende y no puedo, no puedo, no puedo, ¡tengo que fogá!
Me pone las tripas negras pensar que en España pueda haber un presidente como el de Venezuela, que me represente y que manifieste a todo el mundo que con tal o cual papel puede hacer un rulo y metérselo por el culo. Está visto que cuando no hay orden ni respeto, se instaura la anarquía. Y son cuatro “perroflautas” los que nos tienen así. ¡Sólo cuatro “perroflautas”, por Dios!, ¿pero por qué miramos para otro lado y dejamos que decidan unos pocos?, ¿por cobardía, por desidia, por flojera?, pues luego tendremos lo que nos merecemos.

No me parece correcto que se escuden en la poca experiencia para meter la pata hasta el corvejón, excusándose en que es la primera vez que gobiernan, como en Madrid la de cultura, con esa cara dura tan impresionante para decir “que como son nuevos…, pero que aprenderán”.

Yo pongo España en un nivel altísimo de exigencia, por tanto, si no estás capacitada para gobernar, ¡fuera!, primero a formarte y luego a gobernar; si te gusta la política, aprende primero, pero me niego a pagarle un sueldo a una persona que no tiene la suficiente formación para ocupar el cargo.

Y culpo a la clase gobernante por permitirlo, por pactar y consentir que nos gobiernen gente sin experiencia. Y dirán “bueno, pues que sigan los mismos robándonos y con la cultura del pelotazo y el amiguismo”. No, no es eso tampoco, es que hay personas muy capacitadas para gobernar, pero no tienen tiempo de barrer en condiciones y ponen toda la basura debajo de la alfombra. Si vienen vientos frescos y sacuden esas alfombras, magnífico, pero no por eso hay que darles el país a cambio.

Vienen sobraos, muy sobraos, pero la realidad después nos demuestra que no están preparados, les hace falta un par de legislaturas para madurar, están muy verdes y en la oposición hacen mejor su trabajo, porque son una oposición muy fuerte y no se cortan a la hora de sacudir alfombras. Pero de ahí a pensar que están preparados para gobernar España, sinceramente no los veo.

Porque a ver, quien no les dice a los chicos que se reúnen debajo de mi balcón a charlar todo el día y toda la noche que vayan al Ayuntamiento y reclamen un local como el que quieren que les compren los chicos en Barcelona, que vaya la que tienen liada. No es que tengan un morro que se lo pisan, ¡qué va!, es que son unos consentíos, pero claro intelectuales, organizaos y que se reúnen y lo deciden todo en asamblea. Pues que se reúnan para limpiar campos y veredas, por lo menos no se comerían tanto el coco.
Por eso, para tener las cosas claras y no dejar a medias tintas lo que quiere el país, desearía que todo el mundo votara, porque así tendríamos realmente lo que nos merecemos, porque luego lees que han votado un treinta o un cuarenta por ciento y la verdad, entre quejas y suspiros, se nos va el tiempo, y no es que dentro de cuatro años vayan a cambiar las cosas, es que se emborrona todo tanto que parece que se instaura la desidia y culpas a los otros, -siempre a los otros- de todo lo que va mal, y te olvidas de que con tu voto es como puedes manifestar lo que quieres. Así que…

TODOS A VOTAR, y a dejarnos de medias tintas.


We keep in touch, tú ya sabes…



viernes, 22 de abril de 2016

AL PÁJARO SE LE CONOCE POR LA CAGADA...

Y mira que he escrito el cuento para entretenerme y no meterme a analizar la actualidad,  ¡pero no puedo, no puedo, no puedo!
Hace tiempo dije que los nuevos partidos estaban moviendo el panorama y entraron con fuerza, y gracias a ellos vemos desfilar uno tras otro a todos los corruptos, primero por el juzgado y luego al que le toca, a la cárcel, sea folklórica, político o hija de reyes; quien la hace la paga y que la ley sea igual para todos.
¡Demonios con el ministro de hacienda, y parecía tonto!, que tiene a España entera acojoná. Ni una puntilla que compraste para reformar aquella estantería desvencijá del campo te deja pasar. Mira con lupa lo que diste, recibiste, compraste, vendiste y si se te ocurre ocultar algo, ¡Dios te salve!.
Y todo esto en un país con fama de golfo, flojo, ladrón y, que como dice el refrán  “quien anda con la miel, se chupa los dedos” y toda la calaña que ha tocado el dinero que no le ha costado ganarlo, pues ha pillao, unos más que otros, dependiendo del grado de tentativa en el que se ha encontrado, pues eso, que ha pillao. Porque España, cuna del refranero, ya lo dice en su muy castizo “al ladrón, lo hace la ocasión” y si la tiene, pues zasca.
Pero tenemos que sentirnos orgullosos de aquel 15M de los hastiaos e indignaos hasta el retorcimiento de tripas más obsceno, que ya no se podía tragar más con la corrupción, y se formó ese movimiento espectacular, con fuerza y garra, cuando ya la gente no puede más y van a por todas, que hasta los franceses, que se vanaglorian de su revolución y se cargan de medallas con ella, han intentado copiarnos, pero no les ha salido. Lo siento.
Pues eso, que al la sombra de aquel movimiento esta temporada tocaban nuevas elecciones y se presentaron tres nuevos pájaros, nuevos en esta plaza llamada España, y me acuerdo del Dr. Don Francisco Fernández Bertomeu, que D.E.P. y que en gloria esté, espero que a la derecha del padre, preguntándole tantas dudas que, como buen cristiano practicante, tenía, porque mira que era resolutivo, por lo menos conmigo lo fue, y a lo que iba, -que me disperso-, siempre que tenía una duda le preguntaba, porque era el Instituto Cervantes, pues eso, que cuando había una reunión con algún directivo nuevo con poder ejecutivo, que nos presentaba un plan para salvar la empresa, con muchos gráficos en colores, presupuestos y nos pedían opinión a los trabajadores y parecía que incluso les interesaba lo que pudiésemos decir, le preguntaba: -“Doctor, ¿a usted que le parece?”- Y él, muy serio y con los Quevedo colgando del puente de la nariz y su sonrisa socarrona, me contestaba: -“Paqui, hay que esperar, porque al pájaro se le reconoce por la cagada”-.
Pues esperando cien días desde las últimas elecciones y que nos vemos avocados a repetirlas, menudos tres pájaros han resultado, y menuda peazo de cagada que han soltado. Se presentaron como mirlos blancos, y a la vuelta de la primera reunión con el Rey, resultó que no eran mirlos, ¡qué va, por la cagada les conoceréis!, qué razón tenía Don Francisco, pero qué razón…Los pájaros abrieron sus colas, y resultaron ser pavos reales, pero no cualesquiera, reales y tontos, pero tontos y vanidosos hasta la vomitona. Grandes necios, vanidosos, presumidos, caprichosos y engreídos, -por si no lo habéis notado, me ha poseído la más grande, La Jurado-.
No han esperado a tener ni un poco de experiencia, de ná, van sobraos, el ministro les está llenando las arcas de nuevo y están como locos pa´ meterle de nuevo mano y gastar como si lo hubiesen trabajado ellos.

No sé qué pasará en las próximas elecciones, el pueblo soberano volverá a manifestarse, pero vaya peazo de mierda que están hechos estos políticos.


We keep in touch, tú ya sabes…


domingo, 3 de abril de 2016

LA MARIQUILLA IX






Se acabó la remembranza o C'est fini la comédie.

No se si todo esto vino porque cada vez que veo los ojillos azules de mi nieta me acuerdo de mi padre y de mi madre reprochándole que no le hubiese dao ni un hijo ni un nieto de ojos azules como los suyos. Se que hubiese disfrutao con este bichillo nuevo en la familia igual que con todos los anteriores y le hubiese mordido/besado, sin dientes, por todas partes, no pudo ser.  

Pero en fin, espero que el final no os defraude. Continuamos.


Entonces la madrastra, curiosa, mandó a una de las criadas para ver qué tipo de mercancía llevaba el buhonero.
Cuando la madrastra tuvo en sus manos las rosas tan bonitas, quedó prendada y le dijo al viejito que se las compraba todas. Entonces el buhonero le dijo que no, que sólo las podía cambiar por ojos y era el único trato que aceptaba a cambio de las flores.
La madrastra estaba roja de cólera, no podía permitir que un viejo no le diese el capricho de las flores, y estaba que arañaba el suelo con los dientes y las criadas se reían por detrás, viendo cómo cada vez se ponía más y más roja. Pero de repente vino su hija, la llevó aparte y le recordó que no habían tirado los ojos de Mariquilla.
Le dijo al buhonero que esperase y salió corriendo encargándole a la guardia que el buhonero no saliera de palacio.
Se fue a su cuarto y sacando una caja que había guardado debajo de su cama, la abrió. Dentro había un frasco con los ojos de mariquilla, secos, claro, pero ojos, a fin de cuenta. Cuando volvió al salón se los dio al buhonero a cambio de las flores.
El pobre buhonero, cuando vio los ojos secos y chuchurríos se imaginó que esos podrían ser los ojos de la pobre Mariquilla, así que  le dejó a la madrastra el cesto lleno de flores y salió corriendo como alma que lleva el diablo hasta su casa.
Cuando llegó se encontró a la pobre Mariquilla con los dedos desollados de tanto plegar cintas de colores y le dijo:

-“Toma Mariquilla, pruébate estos ojos que te traigo”-

Mariquilla le contestó:

 - Pero cómo buhonero, ¿sólo me traes un par de ojos?”-

 Y él le contestó:

 - “Tú pruébatelos, porque me parece que esta vez hemos acertado”-

Cuando la niña tocó los ojos y los sintió tan secos se los metió en la boca y los tuvo un buen rato chupándolos hasta que de nuevo volvieron a estar hidratados. Cuando los notó jugositos, se los puso en las cuencas y cerrándolos muy fuerte, esperó un tiempo.

El buhonero cogió las manos de la niña, se arrodilló con ella y se pusieron los dos a rezar. Rezaron tanto rato y con tanta fe, que cuando la niña abrió los ojos estos brillaban con tanta fuerza que al principio no pudo ver nada, pero al cabo de un buen rato la niña empezó a llorar y las lágrimas limpiaron los restos de polvo y suciedad y volvió a ver. El buhonero y la niña empezaron a bailar y a reír tanto rato que al final les dolía la barriga de la risa.

Se tiraron al suelo y se revolcaron, jugaron con agua y se mojaron enteros y cuando se les pasó la euforia, pensaron a ver de que manera podría desenmascarar a la mala malísima de la madrastra.

Como no podían ir sin más al castillo, Mariquilla se fue a vivir a su casa, la que era de su padre, con el buhonero, y se instalaron allí por un tiempo para pensar que era lo que iban a hacer.

Pasaba el tiempo y Mariquilla volvía a ser una muchachita feliz.

Aunque trabajaba limpiando la casa, haciendo la comida y la colada de ella y el buhonero, siempre estaba cantando coplillas de la época y ahora que no estaba tan agobiada, siempre procuraba estar limpia y reluciente.

Con el cabello brillando al sol y haciendo la colada cerca del pozo, la encontró de nuevo el Príncipe, que no había dejado de ir por allí de cacería.
En cuando la vio la reconoció y se fue corriendo hacia ella. La tomó en sus brazos y los dos dieron vueltas y más vueltas riendo y llorando a la vez de felicidad.

Cuando se tranquilizaron, Mariquilla le contó al príncipe toda la historia, lo malísima que había sido la madrastra con ella y lo bien que se había portado el buhonero.

Entonces el príncipe volvió al palacio con Mariquilla y el buhonero, que se quedó a vivir con ellos,  y de un puntapié puso a la madrastra y a su hija en la calle.

Como se había casado engañado, se lo contó todo a su padre, que anuló el matrimonio anterior y se casó con Mariquilla que era su amor verdadero.
Y VIVIERON FELICES Y COMIERON PERDICES PARA SIEMPRE…”

Más o menos es así como lo contaba mi padre, pero es imposible contarlo exactamente igual que él, porque sieeeeeeempre cambiaba algo o añadía nuevas maldades de la madrastra.

He querido compartir este cuento en honor a mi padre y a los buenos momentos que nos hizo pasar en la niñez con sus cuentos y sus historias. No nos pudo dejar mucho en lo material, pero de lo importante, nos hizo ricos, a la vista está…


Gracias papá.

sábado, 26 de marzo de 2016

LA MARIQUILLA VIII



LA MARIQUILLA VIII


Pues parece ser que los nietos de mi padre, van a conocer también este cuento, porque lo bonito, no es darlo a leer a los niños, sino contárselo como mi padre nos lo contó a nosotros y así darle énfasis, cada uno tendrá algo que aportar, digo yo.

Continuamos…


Pasaron los meses y Mariquilla se recuperaba poco a poco en la casa del buhonero. La niña tenía los ojos cubiertos con una venda y como no podía moverse sola, se entretenía con las cintas de lazo que sobraban en los carretes y que no vendía el buhonero. Cada día practicaba haciendo manualidades como lazos y flores, que le quedaban cada vez más bonitas. Cuando el buhonero se dio cuenta de la habilidad de la niña, y como le daba pena dejarla tantas horas a solas, terminó proporcionándole cintas de colores y se las clasificó diciéndole dónde estaba cada color.  Llegó a hacer unas rosas muy bonitas y comenzó a llevarlas para adornar el carro, pero es que de toda la mercancía que llevaba en el carro, era la que cada vez mejor se vendía en el mercado, pues a las señoras les encantaban y de esta manera, ayudaba al viejito con su mantenimiento.

El buhonero, aunque era muy pobre, la cuidaba bien, lo poco que tenía lo compartían y así comenzaron a cogerse cariño. La niña fue mejorando poco a poco y al cabo del tiempo le fue contando su triste historia, así se fue desahogando y llorando todas las noches se quedaba dormida.  Entonces el buhonero pensó en ayudar a Mariquilla y para ello le dio todos los lazos de color rosa que tenía y esperó hasta que tuvo bastantes para  un canasto lleno de flores. A la semana siguiente, la única mercancía que llevaba era el carro cargado con la cesta de flores y se fue por el pueblo pregonando “¡CAMBIO ROSAS POR OJOS!”. Pensó que tal vez de esta forma tuviese suerte y encontrara los ojos de Mariquilla.

Y así lo hizo. Todos los días se pateaba los mercados de los pueblos cercanos con un canasto precioso de rosas  hechas con cintas y pregonaba “¡CAMBIO ROSAS POR OJOS!”. La gente cuando veía lo bonitas que eran las rosas y que el buhonero no aceptaba dinero a cambio, sino sólo ojos, salían corriendo a arrancarle los ojos a los gatos, a los perros y a cualquier bicho que encontraban en el campo para cambiarlo por las flores. Así, cuando el buhonero llegaba a su casa, le entregaba a la Mariquilla un cesto lleno de ojos.
La niña los enjuagaba y se los probaba. –“Estos no… Estos no… Estos no… Estos no…”-

Al otro día el buhonero salía para el mercado con su nueva carga de flores y la niña se quedaba en la casa con la esperanza de que en algún momento el buhonero encontrara sus ojos, y con esta ilusión seguía haciendo flores cada día más bellas. Hasta el día en que el buhonero volvió todo triste, porque dedicándose al empeño de encontrarle los ojos, se había quedado sin dinero, y así se lo dijo a Mariquilla.
Entonces la niña le dijo que no se preocupase, y metiéndose en su cuarto, sacó un peine y se lo pasó por el pelo. Al momento tenía una bolsa llena de las perlas más lindas que nunca se hubiesen visto, y dándosela al buhonero, le dijo que comprase comida y todas las cintas que hiciesen falta.
Entonces el viejo  buhonero se puso a dar saltos de alegría muy contento, porque mientras la niña estuviese con el, nunca iba a pasar hambre.

Mientras tanto, en el palacio, la madrastra se aburría. Como no era buena, se entretenía en hacer trabajar a las criadas de palacio y les mandaba tantas obligaciones que por la noche las pobres criadas caían derrengadas y la odiaban a muerte.

El príncipe no amaba a su esposa, porque sabía que lo había engañado, y no le hacía ningún caso; no la llevaba cuando iba de cacería, no se la presentaba a sus amigos ni la sacaba a bailar cuando se celebraba alguna fiesta en palacio.
Pero a ella no le importaba, ambas habían subido al máximo en el escalón social y no pensaba renunciar a ello, aunque la única distracción fuera hacer trabajar hasta reventar a las criadas.

Una tarde estaba asomada a una ventana del palacio cuando vio pasar al buhonero, que harto de no encontrar en el mercado lo que andaba buscando, decidió darse una vuelta por el pueblo y los alrededores, oyéndole recitar su mercancía: “¡CAMBIO ROSAS POR OJOS!”…

Continuará…



domingo, 20 de marzo de 2016

LA MARIQUILLA VII



Mi hermana la chica, que es la que ha estudiao una carrera, me pregunta: Paqui, cuéntame, ¿que feedback estás teniendo del cuento de papá?.
Pues que me he tenido que ir a San Googel y preguntar que significa la palabreja de marras que tanto usan estos directivos ahora, y significa “método de control de sistemas”. O sea que feedback quiere decir ¿que piensa la gente del cuento?, o sea, reacción, respuesta u opinión que nos da un interlocutor, en fino.
Pues algunos tengo enganchao, pero no se a cuantos, la verdad y después de este capítulo que no se si cuando mi padre nos lo contó, pasaría el filtro en pedagogía, no se, no se, pero en aquella época, si mi madre nunca le censuró como nos contaba el cuento, es que todo estaba bien. Estaré de psicólogo y no ma enterao. El pueblo que opine.
Continuamos.


Si los vestidos anteriores eran bonitos, éste los superaba. Era un vestido azul, oscuro como la noche, cuajado de las estrellas más brillantes, estrellas que formaban constelaciones por su cintura y su falda. La enagua era como una nebulosa que parecía que la sostenía cuando andaba, las estrellas brillaban por el corpiño y la luna le sostenía el vestido en un hombro. Parecía que el universo entero acompañara a Mariquilla al baile aquella noche. Iluminada como si estuviera en gracia de Dios, porque era una mujer enamorada. El Hada Madrina, le dijo lo mismo que las veces anteriores: -“Mariquilla, antes de las doce te quiero aquí”-.

 Aquella noche el Príncipe se decía que no la iba a perder de vista en toda la noche. Se había enamorado de ella por su belleza y porque tenía una dulzura en los ojos que le había cautivado. La pobre de Mariquilla en sus brazos estaba como en el séptimo cielo, pero no se relajaba.

El príncipe se preguntaba qué le pasaría y no se despegaba de ella. Las horas iban pasando y la pobre Mariquilla no veía el momento de echar a correr, pero el príncipe la atosigaba preguntándole que dónde vivía y ella no sabía cómo explicarle que era una criada en su propia casa. La niña no quería que la noche terminase nunca, pero cuando comenzaron a sonar las campanadas, echó a correr como alma que lleva el diablo. En su carrera, perdió uno de los zapatos de cristal.

El príncipe salió corriendo detrás de ella, pero no pudo alcanzarla, tan sólo recogió el zapato del suelo y se quedó muy triste mirando el sitio por donde la muchacha había desaparecido.

Cuando Mariquilla llegó a su casa, se topó con la madrastra, que la había estado buscando, y al no encontrarla,  la estaba esperando. Se había marchado antes del baile porque se aburrió de ver a la pareja bailar, sabiendo que no había esperanzas para su hija.

Cuando vio a Mariquilla llegar corriendo, aunque el vestido ya había desaparecido, aún le quedaba un zapato de cristal, y entonces, zorra como era, supo que ella era la chica del baile.

Aunque no sabía cómo, la niña se las había ingeniado para acudir los tres sábados al baile, ataviada como una princesa y ella no se había dado cuenta de nada. Se maldijo por haber estado tan ciega, y despechada, cogió a Mariquilla del pelo, y hecha una furia con un palo le dio una tremenda paliza, le sacó los ojos, la subió a un carro y la tiró en un vertedero de basura.

Mariquilla estuvo tres dias con sus tres noches tirá en el vertedero, penando y lamentando el día que quiso ser feliz.
Cuando pensaba que nadie la encontraría, oyó un tintineo de campanas y a alguien que cantaba una canción de la época que decía:  Del cielo cayó una breva, y te pegó en el ombligo, si llega a caer más abajo, se junta breva con higo, ole, ole y ole. Era un viejo  buhonero con su carro, de los que se dedicaban a ir de un cortijo a otro llevando lo que los aldeanos no podían comprar -al no haber tiendas cercanas-, como botones, aguja, hilos, cacharros de cocina y cualquier objeto que comprara en las ciudades y luego vendía en los pueblos pequeños y alejados. El buhonero, un hombre viejo y cansado de buen corazón, oyó quejarse a alguien en el montón de basura, y acercándose, vio que era la niña que decía con voz lastimera: -“Por favor, ayúdenme”-.

El pobre anciano no podía hacerse cargo de la niña, ni para curarla ni para alimentarla, pero le dio tanta penita que no pudo dejarla allí, así que la montó en el carro y se la llevó a su casa.

Mientras tanto, el príncipe fue casa por casa por el  pueblo probándoles el zapato a todas las doncellas que había en las casas. Cuando le llegó el turno a la madrastra, que se había quedado con el zapato de cristal, le preguntó: -¿para qué quieres probarle el zapato a todas las muchachas?”- Y él le contestó: -“Cuando encuentre a la muchacha que tiene el otro zapato de cristal, la haré mi esposa”-

Al día siguiente, la madrastra se presentó en el palacio ante el rey con el zapato de cristal en una mano y su hija en la otra,  y le pidió al rey que hiciese que el príncipe cumpliese su promesa.

Al mes siguiente el príncipe, aún sabiendo que le engañaban, - pero como era un caballero y había dado su palabra -,  se casó con la hija de la madrastra y ambas se fueron a vivir al palacio. Una vez celebrada la boda, el príncipe se quitó de en medio y se marchó a un pabellón de palacio, porque no podía ni mirar a la cara a las dos sinvergüenzas que se le habían colado en palacio. En su retiro, siguió buscando a la Mariquilla, y aunque le preguntó y le volvió a preguntar a la madrastra de dónde había sacado el zapato, ésta no soltaba prenda, y como la hija seguía haciéndose pasar por muda, pues no había manera y se frustraba el pobre cada día más…”

Continuará…


jueves, 17 de marzo de 2016

LA MARIQUILLA VI



Y seguimos para bingo…
Dicen que nadie muere del todo siempre que alguien le recuerde. 


Cuando Mariquilla llegó al palacio, todo iluminado, lleno de bailarines y personas vestidas de gala, se sintió de pronto intimidada. Pensó: -“¿qué hago yo entre toda esta gente tan bien ataviá?-. Ella no se veía lo preciosísima que estaba, pero en cambio quien sí la vio fue el Príncipe, que quedó extasiado mirando a esa joven tan exquisita y tan bellamente vestida. Entonces se fue hacia ella, la invitó a bailar y ya no se separaron en toda la noche.
La gente murmuraba, porque claro, nadie sabía de dónde había salido esa chiquilla tan bonita.  Cuando estaba a punto de dar las doce, Mariquilla recordó lo que le dijo el Hada Madrina y se despidió del príncipe, corriendo se fue a la carroza y en una exhalación volvió a su casa, justo cuando todo desapareció.

Entonces se puso un pañuelo en la cabeza y se embadurnó la cara de ceniza para no llamar la atención y se acostó.

Al día siguiente la madrastra y su hija estuvieron comentando que quién sería la muchacha tan encantadora que había bailado con el príncipe. Alabaron el vestido tan precioso que llevaba y se burlaron de nuevo de Mariquilla. La semana pasó en un suspiro. La Mariquilla suspiraba por los rincones esperando que llegara el sábado y temía que todo se quedara en un sueño.

Al sábado siguiente, cuando la madrastra y su hija se fueron, apareció de nuevo el Hada Madrina.

Mariquilla, en su rincón, con los ojos muy abiertos, no daba crédito a lo que la anciana traía. Era el vestido más maravilloso que nunca hubiese visto nadie.
Tenía el color verde turquesa de los mares del Caribe. En su fondo estaban bordados todos los peces del mar, con un colorido que parecía que nadaban por la falda. Las enaguas eran de un encaje tan fino y maravilloso que parecía que la espuma del mar le lamía los pies a la niña,  y en el corpiño las estrellas del mar se entrelazaban con corales realzando el pecho y los hombros. La niña estaba espléndida. Era lo más bonito que nadie había visto nunca. El Hada Madrina volvió a hacerle la misma recomendación: -“Mariquilla, ya sabes, antes de que suene la última campanada de las doce, te quiero aquí”-.

Cuando la niña llegó al baile, el Príncipe la estaba esperando ya muy ilusionado, y la sacó a bailar. Estuvieron toda la noche juntos bailando y hablando.

Comenzaba un romance y la niña estaba en una nube. Él le preguntaba por su casa y su familia, pero ella sólo le podía decir que bailaran y no se preocuparan por nada.

El sueño más bonito del mundo era lo que estaba pasándole a la pobre Mariquilla, después de tantos años de malos tratos y duro trabajo al que le sometía su madrastra desde que murió su padre, y pensaba que si el príncipe la quería la mitad de lo que ella ya lo amaba, sería la mujer más feliz del mundo.

En un descuido del Príncipe y antes de comenzar las campanadas, Mariquilla empezó a correr como alma que lleva el diablo y se montó en la carroza, llegando a su casa con el tiempo justo de que todo se desvaneciera.

Durante toda la semana, Mariquilla estuvo oyendo a su madrastra de quejarse, de que vaya señorita más bella había conocido el príncipe, -“ no como tú, pedazo de piojosa”  Hermosa, bien vestida y arreglada como una diosa. Nadie sabía de donde había salido y todo el mundo andaba esperando el sábado siguiente para verla, porque sospechaban que el príncipe se le declararía ese sábado.

Cuando llegó el día, la madrastra y su hija, con mucho pesar porque sabían que ya no tenían nada que hacer, se arreglaron y se fueron al baile.

Cuando se hizo la luz y llegó el hada madrina al rincón donde estaba Mariquilla, ésta no podía ni imaginarse qué clase de vestido le llevaría para esa noche. Los ojos se le iban a salir de las orbitas cuando lo vio…”




lunes, 14 de marzo de 2016

LA MARIQUILLA V




Mi madre nos metía a todos en su cama a esperar que mi padre cenara. Cuando terminaba venía él y nos preguntaba: -“¿Por dónde nos quedamos la última vez?”-,  y se armaba la marimorena, porque como sólo era de vez en cuando, pues los pequeños se dormían antes y luego no se acordaban, y hasta que nos poníamos de acuerdo era un chillerío. Luego, ya de mayores, teníamos los cuentos de Walt Disney, y mis hijas han crecido viendo sus películas. Pero los cuentos de mi padre eran únicos. Cada cierto tiempo le pedíamos el cuento de LA MARIQUILLA, que sabíamos el día que lo empezaba, pero no cuándo lo terminaba. Haciendo un ejercicio inmenso de memoria, creo que continuaba con así:

Bueno, pues la madrastra y su hija, después de reírse de ella, insultarla y mandarle una pechá de tareas se marcharon, dejándola sola.
La pobre de Mariquilla, lloraba y lloraba en un rincón, con tanta desesperación que partía el alma. No tenía consuelo y era tanta su pena y desesperación que no vio cómo se iluminaba el rincón donde yacía y aparecía una anciana con el rostro más bonachón y cariñoso del mundo entero. La anciana le pasó la mano por la cabeza y le preguntó:

-“¿Porque lloras con tanta pena, Mariquilla?”- Y la niña le contestó:

-“Tengo la posibilidad de ir al baile para estar con el hombre del que me he enamorado, pero, ¿quién se va a fijar en mí?, ¡si soy un adefesio!. No tengo vestido que ponerme y mi madrastra me hace trabajar tanto que no tengo fuerzas ni para aguantar el pellejo. ¿Cómo voy a ir a ningún baile ni ná?, a ver ¿Quién me va a querer a mí?”-

La viejecita le peguntó: -“¿y cuándo es ese baile al que quieres ir?”- La niña le contestó: -“durante tres sábados seguidos a partir de éste. ¡Qué desgraciadita soy!. Si viviese mi padre tendría algún consuelo. Con lo solita que estoy, ¿quién se va a hacer cargo de mí?”-

Entonces la anciana le dijo: -“No te aflijas Mariquilla, que yo soy tu Hada Madrina y conseguiré que asistas a esos bailes”-.

Y así lo hizo.

Cuando llegó el primer sábado, la madrastra y su hija se acicalaron muy temprano y se fueron al baile, mofándose de la pobre de Mariquilla, que estaba fregoteando el suelo: -“Anda y termina, desgraciá, que llevas todo el día y aún te quedan los trapos que recoger antes que caiga la noche” - . Y con las mismas, se fueron.

Cuando terminó de fregar toda reventá, la pobre de la  Mariquilla se fue a su rincón y se hizo un ovillo llorando, sin acordarse ya de lo que le dijo la anciana.
Pero de repente sintió un resplandor y la anciana apareció y le dijo: -“No llores Mariquilla. Déjalo todo en mis manos, pues esta noche acudirás al baile del príncipe”.

Entonces, moviendo una varita mágica, se hizo un remolino alrededor de Mariquilla y apareció de repente una niña tan guapa que palideció el cielo al verla. Tenía el pelo rubio y resplandecía como el trigo en verano y la piel tan blanca que parecía de nácar, pero como la pobre había estado tan sucia siempre, nadie se había dado cuenta.

Luego el hada madrina le trajo un vestido que tenía el color del campo en primavera, estaban bordadas todas las flores en su falda  con unos hilos tan finos, y parecían tan de verdad, que incluso olían  al rocío de la mañana. El corpiño estaba bordado con racimos de margaritas que realzaban el pecho y el escote de la niña, de tal forma que ella misma era una flor. La calzó con zapatos de cristal. Hizo que una calabaza del campo se convirtiera en carroza y que dos ratones del campo fuesen sus caballos. Y le dijo:

-“Mariquilla, lo único que te pido es que recuerdes que antes que den las doce campanadas tienes que volver a tu casa, porque el encantamiento desaparecerá”-


La niña estaba como en una nube. Riendo y saltando, le dio las gracias a su Hada Madrina y se fue al baile del palacio…

viernes, 11 de marzo de 2016

LA MARIQUILLA IV

Mis padres tuvieron seis hijos, yo soy la segunda; los cuatro mayores nos criamos casi juntos, y cuando ya íbamos solos al cine o a jugar a la Alameda, mi madre dice que se aburría mucho y por eso encargó el quinto hijo.  La sexta, “la mininilla”, dice que según el médico era un fibroma y se terminó convirtiendo  en un preñao como la copa de un pino.  La verdad es que no me acuerdo mucho de aquella época, pasó todo muy rápido. Mi hermana la mayor se acuerda mejor, aunque sólo me lleva dos años, pero es que de siempre ha sido mucho más espabilada.

Cuando nosotros éramos pequeños, mi madre nos llevaba al paseo marítimo para ver de llegar los barcos con la pesca, o para ver el tiempo, junto con todas las mujeres de los pescadores. Si hacía malo, los barcos volvían y esa noche mi padre dormía en casa.

Y entonces seguíamos con el cuento…


La hermanastra se metió en la gruta, persiguiendo las tripas que tenía que lavar y llegó al prado en tromba, refunfuñando, y gritando como las locas se cayó de bruces. Comenzó a andar pateando todas las flores hasta que llegó al claro y encontró a la viejecita, sentada al sol en el mismo lugar, la cual le contó la misma historia que a Mariquilla.

Pero la energúmena ésta se puso a peinarla enredándole todo el pelo, tanto que cuando terminó parecía que la viejita en vez de cabeza tenía un nido de águilas, vamos, que parecía una gallina matá a escobazos. Luego le dijo que tenía hambre y la niña le contestó que ella no sabía cocinar. Bueno, le dijo la viejita, coge un cazo con un poco de leche y disuelve un poco de harina, para hacerme unas gachas. La vieja pesó que no sería difícil, pero la niña no había tocado un fogón en su vida y aquello salió como una especie de engrudo que encima se le quemó, pero como ya las había hecho, la obligó a comérselas. La pobre viejecita se puso a llorar y entonces se oyeron los pasos de los ogros que llegaban retumbando la tierra y con los gritos de: -“MADRE, HUELO A CARNE HUMANA, COMO NO ME DIGAS DONDE ESTÁ TE MATO”.

La niña se horrorizó, y cagá de miedo, se metió corriendo como un torbellino en la casa donde se escondió debajo de la cama. La viejita le contó a sus hijos lo que le había hecho la niña y lo mal que la había tratado y los ogros la llamaron para que saliera.

La niña salió temblorosa, y entonces los ogros le dijeron: -“Como no te has portado bien con nuestra madre, te vamos a dar dos dones que te seguirán toda tu vida: cada vez que abras la boca e intentes hablar, de ella saldrán sapos, culebras, ranas, gusanos  y cochinillas”. Y en la frente, en vez de un lucero, le salió un cuerno.

La niña salió pitando de allí, tropezando, llorando y arañándose, se olvidó de las tripas.

Llegó a su casa hecha un adefesio y como pudo, le contó a su madre lo que le había pasado, llorando y berreando y soltando bichos por la boca. Su madre, con los ojos como platos, a duras penas entendía lo que la hija le estaba contando.

Cuando la niña terminó, la madre, horrorizada, le ordenó que a partir de entonces se hiciese pasar por muda y fue y le pegó una paliza a Mariquilla castigándola otra vez sin comer por no haber dicho toda la verdad y haber engañado a su hija de aquella forma.

Pasó el tiempo y Mariquilla seguía con las faenas de la casa como siempre, andaba limpiando la chimenea y con toda la cara llena de cenizas, ni le lucia el pelo ni se le veía el lucero de la frente.

La casa estaba cerca de un bosque, y un día pasó por allí el Príncipe montado a caballo, que cansado de la cacería y con sed, se bajó del caballo y se fue hacia Mariquilla, que estaba fuera de la casa haciendo la colada, para que le diese un vaso de agua.
La pobre chiquilla se enamoró del Príncipe en el momento en que lo vio, pero como estaba cubierta de mugre y con los pelos tiesos de polvo, casi ni se atrevió a mirarlo y el Príncipe, cuando bebió, se marchó sin apenas dirigirle la palabra, dándole las gracias por el agua. 

Pasaron los días y el Rey publicó un bando en el que se hacía saber a todas las doncellas casaderas del reino, que se las invitaba a un baile de gala, el cual se celebraría en el castillo durante tres noches, al cabo de las cuales, el Príncipe elegiría una doncella para que fuera su esposa.

La pobre de Mariquilla no cabía en sí de gozo, pero la madrastra se rió de ella, diciéndole que a dónde pensaba ir, con tanta mugre encima y sin un mal vestido en condiciones que ponerse.

La madrastra estaba pensando ya en conseguir que su hija se casase con el príncipe, y para ello se dedicó a limarle todos los días el cuerno de la frente. La niña chillaba como una berraca y la madre se llenaba de sapos y bichos, por lo cual le dijo que si quería tener alguna oportunidad, tenía que seguir haciéndose pasar por muda”. 



Continuará…

lunes, 7 de marzo de 2016

LA MARIQUILLA III

En invierno, los domingos después de comer, le pedíamos palos de recortes al carpintero al lado de mi casa, y con un torción hecho con un trapo, -que tenía que ser de algodón-, empapabas la mitad en aceite y se encendía una copa en la calle; primero un poco de carbón pa´ que aguantase, y luego los palos haciendo una pirámide, hasta que se prendía y quedaba el rescoldo, que había que tapar con ceniza pa´ que durara. Luego se ponía debajo de la mesa camilla, y cuando se iba el sol, sacábamos el Parchís mientras mi padre cenaba. Que había pequeños que no sabían contar, jugábamos a La Oca. Y cuando mi padre terminaba, le pedíamos que nos siguiera contando el cuento, mientras mi madre sacaba el punto y tejía un trajecito de primera postura, porque venía otro pequeño en camino. Y así seguía el cuento:




Mariquilla, que tenía tan buen corazón, se compadeció de la pobre viejecita y se metió en la casita, -que por cierto estaba de pena, con cacharros sucios por todos lados- y le preparó una sopa con todas las verduras que encontró por allí. Mientras se hacía la comida, puso un barreño de agua al sol, la lavó muy bien, la envolvió en una manta y lavó el vestido y lo colgó para que se secara al sol. Mientras el vestido se secaba, le dió de comer, y cuando terminó, se lió un trapo en la cabeza, porque temía que se le posara alguna tela de araña con inquilino incluido por el pelo, cogió trapo y escobón y se puso a limpiar, cantando una popular canción de la época que decía: “Tralará, tralará, tralará, la Pelá hizo unas gachas, para todas las muchachas, y a mí no me quiso dar, agarré la tranca y la hice de bailar, tralará, tralará, tralará”.

Y cantando le pegó un flete a la casita, que la dejó brillando como los chorros del oro.  Luego despiojó y peinó a la viejita con una larga trenza y le hizo un rodete, le puso el vestido limpito, y  cuando estaba bien arreglá se oyeron unos ruidos muy fuertes, como pisadas de una manada de toros, que venían hacía la casita. Entonces oyeron un vozarrón que decía:

-“MADRE, MADRE, HUELO A CARNE HUMANA FRESCA, COMO NO ME DIGAS DONDE ESTÁ TE MATO”.
-“MADRE, MADRE, HUELO A CARNE HUMANA FRESCA, COMO NO ME DIGAS DONDE ESTÁ TE MATO”.


La pobre viejecita le dijo a la niña que corriera a esconderse, porque sus dos hijos eran unos ogros, pero como la querían mucho, ella los calmaría.
La pobre Mariquilla entró en la casa temblando mientras la viejita les contaba a sus hijos, que eran dos ogros gigantes, todo lo que la bondadosa niña había hecho por ella: que la había lavado, peinado y dado de comer, exigiéndoles a sus hijos que no le hiciesen daño. Entonces los ogros pidieron a Mariquilla que saliese, porque cada uno de ellos le harían un regalo por haberse portado tan bien con su madre. ¿Y qué regalo era?,
pues uno le concedió el don de que cada vez que peinara sus cabellos, sus manos se llenarían de las perlas más brillantes y preciosisísimas del universo entero. Y el otro, tocándole la frente, le plantó un lucero que hacía que brillara su carita preciosa como si fuese una princesa india.

La niña cogió la canasta de tripas y bailando tan contenta, se volvió por donde había venido.
Cuando llegó a su casa, la madrastra la estaba esperando para, primero darle dos tortas y luego pegarle la bronca, - a ver, ¿dónde has estado, zaparrastrosa, que llevas fuera todo el día?- Entonces Mariquilla se puso a explicarle lo que le había pasado y la madrastra le dijo que no la creía, le embadurnó la cara con ceniza y riéndose de ella, le dió una  paliza y la mando a acostarse sin cenar.

Al otro día la madrastra le dijo a su hija - ¿Viste ayer cómo volvió Mariquilla? ¿Cómo le relucía el pelo y el brillo del lucero de la frente? Dice que fue por el río siguiendo una tripa que se le escapó.  -Anda, ve tú y haz lo mismo-. La hija, que era una consentida, más floja que un muelle de guita, mimada, que no había dado un palo al agua desde que su madre se casó, pataleó, refunfuñó y se quejó lo más grande, - “si digo, ahora voy yo a lavar tripas, que lo haga Mariquilla, que pa´ eso está”. Y su madre, para convencerla, le dijo: -“¿pero no ves que así vas a estar tan guapa como la Mariquilla?-, y como era una envidiosa, finalmente aceptó.

Allá que se fue refunfuñando la hija de la madrastra con el canasto de las tripas al río y se puso a limpiarlas, entonces se le escapó una y cuando fue a cogerla, se le escaparon todas, y hecha una furia salió corriendo a perseguirlas  río abajo hasta que entró en la gruta.


CONTINUARÁ…

sábado, 20 de febrero de 2016

LA MARIQUILLA II



A ver, a ver, igual este cuento está escrito de antiguo, porque mi padre sabía leer y como a sus hermanas no las enseñaron, “en el año de la hambre”, término que definía la juventud de ellos, a cambio de una batata cocida, por las noches él les leía a sus hermanas novelas, e igual mezcló historias y es de donde pudo salir este cuento.
Anyway, como diría mi amiga, el caso es que allí estábamos todos como pollitos, esperando el domingo, que no se iba a pescar, pa´ que continuara con el cuento.
Entre chillidos, hasta ponernos de acuerdo dónde lo había dejado, porque claro, el caso era entretener, relajar y dormir, y para captar toda nuestra atención hacía un relato escatológico y gamberro a más no poder, para hacernos reír, asquearnos, asustarnos y que no nos aburriéramos.



Bueno, pues continuamos con el cuento.

"Pasaba el tiempo y la maestra veía que aquello no funcionaba, aquel zapato no se caía ni pa´ Dios, y  zorra como era, tuvo que ingeniárselas, porque si no, se veía vistiendo santos. Así que cada noche, cuando nadie la veía, echaba su orina en el zapato (mi padre hubiera dicho “se meaba en el zapato”, pero yo que soy una señorita fina…). Que mondaba verduras, pues esperaba que estuviesen podridas y  las echaba al zapato. Que quedaban restos de comida rancios, ¡al zapato! y poco a poco llegó el día que el zapato, oxidao de tanta… mierda, se rompió.

Aquel día la maestra volvió corriendo como loca a la casa de Mariquilla con el zapato roto en la mano, y el pobre hombre, que había dado su palabra, no tuvo más remedio que casarse con la maestra.

La boda se celebró y la maestra dejó de trabajar, yéndose con su hija a vivir con ellos.

Al poco tiempo, el pobre padre, - alguna maldad  le haría la zorra de la mujer -, enfermó y murió, dejando a  Mariquilla sola con la madrastra. A ésta le faltó tiempo para,  rápidamente, ponerla de criada de la casa.

La madrastra la tenia fregando, barriendo, tendiendo la colada…, todo, todo,  en su propia casa. Y así fueron pasando los años. Mariquilla se convirtió en una muchacha muy bonita, pero como estaba siempre llena de hollín y mugre, no se apreciaba.

Un día la madrastra la mandó al riachuelo a lavar tripas de cerdo, pues habían hecho una matanza: -“Te dejo encargao que no se te ocurra volver sin una sola de las tripas que llevas en el barreño, las he contao y al volver las volveré a contar, como te falte alguna te doy pal´ pelo”.

La niña le tenía más miedo a la madrastra que a siete viejas, así que se puso a lavar las tripas en el río, el cual, como había llovido mucho, llevaba bastante caudal y se le escapó una. Temiéndole a la madrastra, se fue corriendo detrás de ella río abajo y cuando el río se metió en una gruta, ella no dudó en seguirlo y al salir, se encontró en un prado, donde por fin alcanzó la tripa. Se quedó mirando el prado, que le pareció precioso, con muchas flores y siguió el camino entretenida, recogiendo flores y sintiéndose muy feliz.
Al cabo de un rato llegó a un claro donde había una casita, se acercó con mucho cuidado y vio a una viejecita que estaba sentada en una silla al sol, muy triste y sola. Mariquilla, que era una jovencita muy noble, al verla llorar se le acercó y le preguntó suavemente: -“¿Por qué lloras?”, -“Porque mis hijos se han ido dejándome solita. Tengo hambre y como estoy ciega, no puedo hacerme de comer”.


CONTINUARÁ …

lunes, 15 de febrero de 2016

LES VOY A CONTAR UN CUENTO

Ya comenté en otras crónicas acerca de mi niñez, que aunque pobres como ratas, fuimos felices, muy felices, por estar rodeados de tanto amor, tan protegidos con tanto cariño y a esa edad tan divina de la niñez en la que no tienes obligaciones, tan sólo quieres tener tiempo para jugar y jugar, sin pensar en nada, solo tiempo para estar con amigos jugando. Esos veranos de playa y sol y excursiones por los ríos y cañaverales de la sierra, sin materialismos, pero con una imaginación desbordante para crear historias con marionetas hechas de calcetines, con ojos de botones y pelos de lana. Nos juntábamos en un colchón en el suelo, todos como cachorrillos y venía mi padre a achucharnos, y hacernos cosquillas llamándonos “rascacios” y mordiéndonos la nariz, con esa boca desdentada, ¡pero qué arte y qué gitano más gracioso era mi padre!, nos moríamos de la risa y luego le pedíamos que nos contara un cuento. El favorito de todos nosotros, el cuento de LA MARIQUILLA, que más de una vez he comentado que lo escribiría y compartiría con vosotros.

Como ahora ando con mi nieta, no tengo tiempo de crear nuevas crónicas. De todo lo publicado, no rectifico ni un ápice de mis opiniones, ni sobre política, ni sobre machismo, ni sobre actualidad de programas. De nada de lo que he publicado hasta ahora me arrepiento, si en algún momento, de algo de lo que he dicho, luego he tenido nuevos datos que me hicieran ver que estaba equivocada, lo diría, pero repaso algunas de las crónicas, y sigo opinando lo mismo.

Entonces, pa´ no repetirme, he decidido compartir el cuento de la Mariquilla en honor a mi padre.
Como sé que cuando hay muchas letras juntas os aburrís, esto va a ir por capítulos. Yo, como la Lola Flores, si me queréis, seguirme...




LA MARIQUILLA

Érase una vez una niña llamada Mariquilla, que vivía en un pueblo con su padre, el cual era viudo, y tenían una buena casa, buena renta y un negocio floreciente. 

Un día la niña volvió del colegio a casa muy ilusionada, porque su maestra  le había dicho que su padre estaba muy joven todavía para estar solo y que podrían casarse.

El padre, el pobre, no tenía ganas de jarana y le dijo a su hija que le dijese a la maestra que no.

La maestra, que también era viuda y tenía una hija, se había empecinado en el viudo, así que le hacía a la chiquilla toda clase de mimos y regalos. Obligaba a su hija a ser encantadora con la niña para que ésta convenciese a su padre, pero el padre decía que no, que no tenía ganas de volver a casarse con nadie.

Pero cada día la maestra le insistía a la pobre niña, y ésta volvía a su casa con el soniquete de por qué no quería casarse con la maestra si era muy buena, si la quería mucho, que así tendría una hermana con quien jugar y no estaría tan sola, que si se portaba tan bien con ella…, hasta que un día el pobre padre, que la veía tan ilusionada, le dijo: -“Mariquilla, dile a tu maestra que cuelgue un zapato de hierro de la pared, y que cuando éste se rompa, yo me casaré con ella”. El padre pensó que se había librado de la maestra, ya que creía que eso nunca sucedería…

CONTINUARÁ …