EL POR QUÉ DE ESTE BLOG

EL POR QUÉ DE ESTE BLOG

Bueno, bueno, bueno, pues se explica en pocas palabras: ESTOY EN EL PARO.

Si, después de 34 años trabajando, ahora estoy en el paro y como la cosa me temo que va pa´ largo, pues tengo que fogá, ¿sabéis lo que es eso?, pues que necesito algo que hacer para quemar energía.

Trabajando en hostelería, tratas con todo tipo de personas al cabo del día, clientes y compañeros de trabajo, y si además la mayoría son mujeres, que somos muy charlatanas y llevamos muchos años trabajando juntas, filosofamos mucho de familia, noticias, arte, cultura, actualidad en general y cotilleos; pues eso es lo que me falta, compartir.

Cuando estoy cocinando con la radio puesta y me viene a la cabeza algo que creo es interesante y que podría compartir, lo escribo en el ordenador, y como me he apuntado al feisbuk, lo comparto con la corrala cibernética de familia y amigos.

Ahora me han dicho que sería interesante que hiciera un blog. Pues vamos a ello.

Advierto que son cosas mías, igual hay veces que se me va la olla, son cosas cortitas del día a día y los que me leen hasta ahora dicen que les hace gracia, sólo escribo cuando encuentro algo que me inspira y creo que se puede compartir.

SI ME QUERÉIS, SEGUIDME.

domingo, 27 de julio de 2014

APRENDER OTRO IDIOMA

Que conste que, ni voy a enseñar a nadie ni voy de mosca cojonera, lo que pasa es que comparto mis opiniones sobre mis vivencias, comparto mi opinión, no pretendo dar clases a nadie. También soy consciente de que al publicar mis opiniones hay personas a las que no les interesa un pimiento y hay quien las lee con agrado. Que todo el mundo no está de acuerdo conmigo, seguro segurísimo, pero esta soy yo…

Cuando yo era chica, mi madre, a mis hermanos y a mí, nos educaba como ella entendía la educación. Me explico: si yo volvía del colegio o de jugar en la calle y le decía, “mamá, Periquito ha dicho hijo de p…”, ella me contestaba: -“mira hija, esa es una palabra muy fea que significa desprecio o significa algo no muy bueno. Si la oyes, no la repitas”. Cuando estábamos muy enfadados, de pequeños, algunas de estas palabras se colaban en nuestro vocabulario, y ella nos lo advertía: “no digáis esas palabras que son muy feas, aunque estéis enfadaos no son palabras buenas para repetir” y nos machacaba una y otra vez hasta que, si las pronunciábamos, procurábamos que ella no nos oyera.

Yo crecí y aprendí que esas palabras eran adjetivos descalificadores, humillantes, castradores y lo que significaban cuando los empleabas, eran palabras muy fuertes que denotaban una falta de respeto y de educación tan grandes que, cuando las empleabas, te sentías mal porque sabías que su uso te humillaba a ti misma.

Con el tiempo he aprendido que hay ciertas personas que, este tipo de adjetivos, -que los voy a llamar descalificadores y ofensivos-, los emplean con mucha alegría en su vida diaria, y lo que para mí es súper fuerte, para ellos no significan nada o lo olvidan rápidamente, sin saber que te han ofendido, porque en ese momento no lo comentas y si se enteran se asombran y dicen, “pues no es para tanto”, o “que me lo hubiese dicho si se ha sentido ofendido”.  

Cuando mis hijas y mis sobrinillos dicen algo ofensivo, les corregimos con alguna pollada, como una frase de la película de Bambi que me encanta: “si al hablar no has de agradar, harás mejor en callar”.

Peeeeero, es un idioma que está en la calle y, lo mismo que aprendes a hablar inglés, también aprendes a utilizarlo cuando el interlocutor que está frente a ti es la única manera de comunicación que comprende. Me explico, hay personas que, no sé si porque no han tenido de pequeño quien les corrigiera o simplemente se encuentran cómodos si se expresan avasallando o insultando,  siempre utilizando adjetivos que ofenden o que son descalificativos, que amedrentan a la persona a quien van dirigidas, quizás porque no conocen otra forma de comunicarse y hacerse entender. Yo creo que para que vean que les entiendes tienes que contestarles de la misma forma que hablan ellos. Si voy por la calle y cruzando un paso de cebra un conductor me dice: “y la gorda, no tarda en cruzar”,  me siento mal si me llama gorda, porque para mí, que estoy siempre a dieta, que me llame gorda me molesta, pero hago como que no oigo, lo ignoro, me callo y no contesto, porque a esa persona no la voy a volver a ver. Pero, si en un supuesto, te encuentras en tu vida a una persona malencará, que te avasalla, y a la que aunque no quieras, tienes que ver continuamente y aguantar su mala educación y sus malos modos, llega un momento en que tienes que aprender su idioma para terminar con el avasallamiento de una vez por todas y te tienes que expresar de manera que, de una vez por todas, te entienda. Aunque no sea tu estilo, aunque te cueste mucho, tienes que aprender, e intro pa mí, recuerdo las contestaciones aprendidas que pensé nunca usaría, pero me sale el rebalaje y pienso que le contestaría: “si, gorda, porque estoy reteniendo mierda pa´ cagarme en tu puta madre…” o la que me encanta de: “ya llevas mucho tiempo tocándome el kiwi y ahora me lo vas a comer con cucharilla de plástico”, porque he aprendido que a esta gente, cuando les contestas en su idioma, parece que lo entienden mejor.
Así que, aunque procuro no tener que utilizarlo, por si acaso, lo sigo aprendiendo...


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